South Bulletin 101 (18 abril 2018)

La grave amenaza de la resistencia a los antimicrobianos se cierne sobre la salud mundial

La resistencia a los antibióticos, y en general a los antimicrobianos, es una causa discreta, pero importante de mortalidad. De hecho,  se está convirtiendo en la amenaza más seria para la salud mundial y los expertos advierten sobre el peligro de un «apocalipsis posantibióticos».

Este número especial del South Bulletin se centra en la resistencia a los antimicriobianos, especialmente en las consecuencias para los países en desarrollo, y en las principales dificultades en la lucha contra esta amenaza.

Articulos del South Bulletin 101 disponibles en español:

Los «supermicrobios», la amenaza más seria para la salud mundial

Por Martin Khor, director ejecutivo del Centro del Sur

Existe una amenaza para el futuro de la humanidad tan silenciosa que pocas personas la han notado, tan prolífera que ha hecho daño a muchas familias y tan peligrosa que pronto será la principal causa de muertes prematuras en el mundo.

Si el cambio climático se ha convertido en el peligro más notorio para nuestra civilización, pronto la resistencia a los antibióticos podría ocupar su lugar como la amenza más seria para la salud y la vida humanas.

Varios amigos me han contado cómo alguno de sus familiares contrajo una infección en el hospital y murió al no poder ser curado con los tratamientos habituales de antibióticos.

Por ejemplo, la madre de un buen amigo murió a causa del estafilococo dorado resistente a la meticilina (EDRM) tras su hospitalización por una enfermedad banal sin relación.

El EDRM es un agente patógeno resistente a los antibióticos que provoca varias infecciones graves. Aunque es bien sabido que el EDRM se propaga en los hospitales, la resistencia a los antibióticos es un problema que afecta a toda la población.

La resistencia de las bacterias a numerosos antibióticos va en aumento. Los genes de algunas bacterias que sobreviven a un ataque de antibióticos mutan y se adaptan para defenderse mejor. Las nuevas generaciones más fuertes de estas bacterias se están volviendo inmunes a los mismos antibióticos o a otros más fuertes.

Lamentablemente, las bacterias están ganando el pulso entre las bacterias más resistentes y los medicamentos más fuertes, con nuestros cuerpos como campo de batalla. Las bacterias que sobreviven, conocidas como bacterias multirresistentes, están aumentando y se están volviendo más inmunes a los antibióticos usados para tratar la misma enfermedad.

Sus genes de resistencia también pueden propagarse a bacterias que causan otras afecciones y de este modo saltan de una especie a otra, lo que acelera la propagación de la resistencia y pone en riesgo nuestra capacidad para tratar numerososas enfermedades.

De hecho, hay genes específicos especializados en resistir a los antibióticos y en saltar de una especie a otra para introducirse en otros agentes patógenos. Estos «genes saltadores» agravan la situación.

En 2013 había cerca de 480 000 casos nuevos de tuberculosis multirresistente (TB-MR). Los niveles de resistencia a los antibióticos en bacterias que causan infecciones comunes como infecciones urinarias, pulmonares y sanguíneas en todas las regiones del mundo son altos. En muchos países la gonorrea es incurable hoy en día.

Pero el problema no se limita a los antibióticos y a las baterias farmacoresistentes. Además de las bacterias existen otros agentes patógenos como los virus que causan el síndrome de inmunodeficiencia adquirida (SIDA) y la hepatitis, y los parásitos que causan el paludismo, que son tratados mediante otros antimicrobianos.

Estos otros microbios también se están volviendo resistentes a los medicamentos. Por ejemplo, los parásitos que causan el paludismo se están volviendo más resistentes a los tratamientos a base de artemisina en algunos países del sudeste asiático y cada vez son menos los pacientes con SIDA que responden a los medicamentos de primera línea para el tratamiento de esta enfermedad.

Así, el problema de la resistencia a los antibióticos se ha extendido a la resistencia a los antimicrobianos y la crisis ahora afecta a muchas más personas y enfermedades.

Se estima que unas 700 000 personas en el mundo mueren cada año por la resistencia a los antimicrobianos. Según un informe de 2015 sobre la resistencia a los antimicrobianos encargado por el Gobierno británico, para 2050 esta cifra aumentará a 10 millones de muertes anuales.

Las estimaciones del informe indican también que debido a la resistencia a los medicamentos unos 300 millones de personas morirán prematuramente entre 2016 y 2050 y que de aquí a 2050 las pérdidas económicas en el mundo podrían ser de entre 60 billones y 100 billones de dólares si no se combate la resistencia a los antimicrobianos. La mayoría de las muertes y pérdidas económicas tendrá lugar en países en desarrollo.

Los dirigentes sanitarios finalmente están dando la voz de alarma. Para Dame Sally Davies, principal consejera del Gobierno británico en materia de salud, se trata de «una catástrofe».

El año pasado, antes de finalizar su mandato como directora general de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Margaret Chan habló del final de la medicina moderna y dijo que estamos en una era posterior a los antibióticos en la que enfermedades por infecciones comunes volverán a ser mortíferas.

Aunque estas advertencias llegan muy tarde, más vale tarde que nunca. En los años ochenta, la asociación de consumidores de Penang (CAP), en donde yo trabajaba, publicó estudios sobre las prácticas poco éticas de comercialización de las empresas farmacéuticas para cerca de 20 medicamentos, que propiciaron el uso indebido de los medicamentos y contribuyeron a desarrollar la farmacoresistencia. Las autoridades sanitarias tomaron medidas para prohibir o limitar la venta de la mayoría de estos medicamentos.

La CAP publicó un libro a medidados de los años noventa titulado Revenge of the Killer Germs en el que advertía de la inminente crisis de la resistencia a los antimicrobianos y pedía la adopción de medidas urgentes.

La CAP se adelantó a su tiempo y sus advertencias han resultado ser ciertas.

Una medida internacional reciente ha sido el Plan de Acción de la OMS sobre la resistencia a los antimicrobianos aprobado por la Asamblea Mundial de la Salud, que ha inducido a muchos países a formular sus propios planes nacionales.

Otra acción fue la reunión de alto nivel de las Naciones Unidas sobre la resistencia a los antimicrobianos en 2016, en donde los jefes de Gobierno se comprometieron a tomar medidas para hacer frente a la crisis. Una de las medidas fue la creación de un grupo de coordinación interinstitucional que emitirá en 2019 las medidas recomendadas.

En el ámbito nacional hay mucho que mejorar. Por ejemplo, la vigilancia y la recopilación de datos, el control de infecciones, lograr mejores diagnósticos gracias a mejores herramientas de diagnóstico, la introducción de muchas nuevas normas y directrices sobre la comercialización de medicamentos, la prescripción y dispensación adecuadas y una política que garantice que los nuevos antibióticos estén a disposición del público a precio bajo o gratuitamente.

El reconocimiento de las crisis de los antimicrobianos está en una etapa incipiente. Aún hay mucho por hacer. Cada día que pasa sin que se tomen medidas los microbios se convierten en supermicrobios y estos en super supermicrobios y las consecuencias pueden ser nefastas para todos nosotros.

                                                                                                 

Martin Khor, director ejecutivo del Centro del Sur.

Contacto: director@southcentre.int

 

 

 

 

Declaración Política de la reunión de alto nivel de la Asamblea General sobre la resistencia a los antimicrobianos

La reunión de alto nivel de la Asamblea General sobre la resistencia a los antimicrobianos celebrada en Nueva York el 21 de septiembre de 2016 fue la primera ocasión en que los jefes de Estado y del Gobierno abordaron la cuestión de la resistencia a los antimicrobianos. A continuación reproducimos la declaración política emitida en la reunión.


Nosotros, Jefes de Estado y de Gobierno y representantes de los Estados y Gobiernos, reunidos en la Sede de las Naciones Unidas en Nueva York el 21 de septiembre de 2016, de conformidad con la resolución 70/183 de la Asamblea General, en que la Asamblea decidió celebrar una reunión de alto nivel en 2016 sobre la resistencia a los antimicrobianos:

  1. Reafirmamos que el plan para hacer frente a la resistencia a los antimicrobianos es el Plan de Acción Mundial para Luchar contra la Resistencia a los Antimicrobianos[1] de la Organización Mundial de la Salud y sus cinco objetivos estratégicos generales, elaborado por dicha Organización en colaboración con la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, y posteriormente aprobado por esta y la Organización Mundial de Sanidad Animal;
  2. Reafirmamos también que la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible[1] ofrece un marco para garantizar una vida sana, y recordamos los compromisos de combatir la malaria, el VIH/SIDA, la tuberculosis, la hepatitis, la enfermedad del Ébola y otras epidemias y enfermedades transmisibles, concretamente mediante la lucha contra la creciente resistencia a los antimicrobianos y las enfermedades desatendidas que afectan especialmente a los países en desarrollo, al tiempo que reiteramos que la resistencia a los antimicrobianos pone en peligro la sostenibilidad y la eficacia de la respuesta de salud pública a estas y otras enfermedades, así como los avances en materia de salud y desarrollo y la consecución de la Agenda 2030;
  3. Reconocemos que la resistencia de microorganismos como bacterias, virus, parásitos y hongos a los antimicrobianos que anteriormente eran eficaces para el tratamiento de infecciones se debe principalmente a lo siguiente: el uso inadecuado de los antimicrobianos en los sectores de la salud pública, los animales, la alimentación, la agricultura y la acuicultura; la falta de acceso a los servicios de salud, concretamente a diagnósticos y servicios de laboratorio; y los residuos antimicrobianos que penetran en el suelo, los cultivos y el agua: en el contexto más amplio de la resistencia a los antimicrobianos, la resistencia a los antibióticos, que no son como otros medicamentos, incluidos los medicamentos para el tratamiento de la tuberculosis, es el riesgo mundial más grave y urgente, y requiere una mayor atención y la coherencia a nivel internacional, nacional y regional;
  4. Reconocemos también que, debido a la resistencia a los antimicrobianos, muchos logros del siglo XX corren grave peligro, en particular: la reducción de la enfermedad y las muertes por enfermedades infecciosas lograda gracias al desarrollo social y económico; el acceso a los servicios de salud y a medicamentos de calidad seguros, eficaces y asequibles; la higiene, el agua potable y el saneamiento; la prevención de las enfermedades en las comunidades y los centros sanitarios, incluida la inmunización; la nutrición y la alimentación sana; las mejoras en la medicina humana y veterinaria; y la introducción de nuevos antimicrobianos y otros medicamentos;
  5. Reconocemos que los logros mencionados se ven ahora gravemente amenazados por la resistencia a los antimicrobianos, en particular el desarrollo de sistemas sanitarios resilientes y los progresos hacia el objetivo de la cobertura sanitaria universal; las opciones de tratamiento del VIH e infecciones de transmisión sexual, la tuberculosis y la malaria, así como otras infecciones contraídas en las comunidades y los centros sanitarios; los avances en la prevención y el control de infecciones en las comunidades y los centros sanitarios; los avances en la agricultura y la ganadería, que ayudan a garantizar que se mantenga la calidad de los alimentos; y las opciones de prevención y tratamiento de enfermedades infecciosas en la medicina veterinaria;
  6. Reconocemos también que, debido a la resistencia a los antimicrobianos, habrá menos opciones para la protección de las personas más vulnerables contra infecciones graves que amenazan la vida, especialmente las mujeres que dan a luz, los recién nacidos, los pacientes con determinadas enfermedades crónicas o los que se someten a quimioterapia o cirugía;
  7. Observamos con preocupación que la realización del derecho al disfrute del más alto nivel posible de salud física y mental, así como el acceso de millones de personas a servicios de salud y a antimicrobianos de calidad, seguros, eficaces y asequibles, alimentos, agua limpia y un medio ambiente saludable, sigue siendo una meta distante, especialmente en los países en desarrollo;
  8. Observamos también con preocupación que, mientras la falta de acceso a servicios de salud y a antimicrobianos que afecta actualmente a los países en desarrollo contribuye a más muertes que la propia resistencia a los antimicrobianos, sin un enfoque eficaz “Una salud” y sin cooperación multisectorial y otras medidas, se prevé que la resistencia a los antimicrobianos causará la muerte de millones de personas en todo el mundo y tendrá enormes repercusiones en el ámbito de la salud pública mundial y en los planos social y económico;
  9. Reconocemos que las claves para hacer frente a la resistencia a los antimicrobianos son: la prevención y el control de las infecciones en seres humanos y animales, concretamente la inmunización, la supervisión y la vigilancia de la resistencia a los antimicrobianos; el saneamiento, el agua salubre y limpia y los entornos saludables; la inversión en sistemas de salud sólidos capaces de ofrecer cobertura sanitaria universal; el fomento del acceso a antimicrobianos de calidad, seguros, eficaces y asequibles, tanto nuevos como existentes, basados en pruebas de diagnóstico, cuando estén disponibles; la continua labor de investigación y desarrollo para obtener nuevos antimicrobianos y medicinas alternativas; las pruebas de diagnóstico rápido, las vacunas y otras tecnologías, intervenciones y terapias importantes; la promoción de la sanidad asequible y accesible; y la solución de la falta de inversiones en investigación y desarrollo, concretamente mediante la provisión de incentivos para innovar y mejorar los resultados en materia de salud pública, en particular en el ámbito de los antibióticos;
  10. Reconocemos también que el principio general para hacer frente a la resistencia a los antimicrobianos es la promoción y la protección de la salud humana en el marco del enfoque “Una salud”, recalcamos que esto exige medidas multisectoriales coherentes, integradas y de amplio alcance, dados los vínculos entre la salud humana, animal y ambiental, y a este respecto:

a) Reconocemos además que los antimicrobianos eficaces y su uso prudente representan un beneficio público mundial y, para hacer frente a la resistencia a los antimicrobianos, es esencial permitir que las personas tengan acceso a sistemas sanitarios eficaces y resilientes, antimicrobianos de calidad, seguros, eficaces y asequibles y otras tecnologías, según sea necesario, así como a alimentos saludables y entornos saludables;

b) Subrayamos que la investigación y el desarrollo innovadores, tanto en su dimensión básica como aplicada, en particular en esferas como la microbiología, la epidemiología, la medicina tradicional y herborística y las ciencias sociales y del comportamiento, según proceda, son necesarios para comprender mejor la resistencia a los antimicrobianos y apoyar la investigación y el desarrollo para obtener antimicrobianos de calidad, seguros, eficaces y asequibles, especialmente nuevos antibióticos y terapias alternativas, vacunas y diagnósticos;

c) Subrayamos también que todos los esfuerzos de investigación y desarrollo deben responder a las necesidades, estar fundamentados en pruebas y guiarse por los principios de asequibilidad, eficacia y eficiencia y equidad, y deben considerarse una responsabilidad compartida: a este respecto, reconocemos la importancia de desvincular el costo de la inversión en investigación y desarrollo sobre la resistencia a los antimicrobianos de los precios y el volumen de las ventas para facilitar el acceso equitativo y asequible a nuevos medicamentos, instrumentos de diagnóstico, vacunas y otros resultados que puedan obtenerse mediante la investigación y el desarrollo, y acogemos con beneplácito los modelos de innovación y de investigación y desarrollo que ofrecen soluciones eficaces a los desafíos que presenta la resistencia a los antimicrobianos, incluidos los que promueven las inversiones en investigación y desarrollo; todas instancias pertinentes, incluidos los gobiernos, la industria, las organizaciones no gubernamentales y las instancias académicas, deberían estudiar alternativas para apoyar modelos de innovación que aborden la singular problemática de la resistencia a los antimicrobianos, incluida la importancia del uso racional y adecuado de los antimicrobianos, promoviendo al mismo tiempo el acceso a medicamentos asequibles;

d) Subrayamos además que la asequibilidad de antimicrobianos nuevos y existentes, vacunas y diagnósticos y el acceso a estos debe ser una prioridad mundial y deben tener en cuenta las necesidades de todos los países, en consonancia con la estrategia mundial y plan de acción de la Organización Mundial de la Salud sobre salud pública, innovación y propiedad intelectual[1], y teniendo en cuenta sus procesos de seguimiento convenidos internacionalmente;

e) Mejoraremos la vigilancia y el control de la resistencia a los antimicrobianos y la utilización de antimicrobianos para fundamentar las políticas y colaborar con las instancias pertinentes de la industria, la agricultura y la acuicultura, las autoridades locales y los hospitales a fin de reducir los residuos de antimicrobianos en el suelo, los cultivos y el agua;

f) Mejoraremos el desarrollo de la capacidad, la transferencia de tecnología en condiciones mutuamente convenidas y la asistencia y la cooperación técnicas para controlar y prevenir la resistencia a los antimicrobianos, así como la cooperación internacional y la financiación para apoyar la elaboración y ejecución de planes de acción nacionales, incluida la vigilancia y el seguimiento, el fortalecimiento de los sistemas de salud y la capacidad normativa y de investigación, sin poner en peligro, en particular en el caso de los países de ingresos bajos y medianos, la salud y sin oponer obstáculos al acceso a la atención médica;

g) Reconocemos que fomentar mayor conciencia y conocimiento de la resistencia a los antimicrobianos y todas sus consecuencias exige el intercambio de buenas prácticas y conclusiones, la colaboración con los medios de comunicación y las instancias nacionales y multisectoriales, y la provisión de financiación suficiente para esas actividades en todos los sectores;

11. Reconocemos que las condiciones y prioridades nacionales deben tenerse en cuenta a todos los niveles, y que los sectores pertinentes del gobierno deben participar en la elaboración y aplicación de planes nacionales de acción, políticas, reglamentos e iniciativas regionales, teniendo en cuenta el contexto, la legislación y las responsabilidades jurisdiccionales a nivel nacional;

12. Por consiguiente, nos comprometemos a trabajar en los planos nacional, regional y mundial para:

a) Elaborar, en consonancia con la resolución 68.71 de la Asamblea Mundial de la Salud, planes de acción nacionales, programas e iniciativas de políticas de carácter multisectorial, en consonancia con el enfoque “Una salud” y el Plan de Acción Mundial para Luchar contra la Resistencia a los Antimicrobianos, incluidos sus cinco objetivos estratégicos generales, con miras a aplicar medidas nacionales para fortalecer el uso apropiado de antibióticos en los seres humanos y los animales: para apoyar la ejecución de esos planes, es necesaria la colaboración a nivel nacional e internacional a fin de evaluar las necesidades de recursos y proporcionar inversiones técnicas y financieras sostenidas en tareas de investigación compartida, laboratorios y capacidades de regulación, así como la educación y la formación profesional, con miras a salvaguardar la salud humana, la salud y el bienestar de los animales y el medio ambiente;

b) Movilizar financiación suficiente, previsible y sostenida, recursos humanos y financieros e inversiones por conducto de canales nacionales, bilaterales y multilaterales para apoyar la elaboración y ejecución de planes de acción nacionales, la investigación y el desarrollo sobre antimicrobianos nuevos y existentes, diagnósticos, vacunas y otras tecnologías, y fortalecer la infraestructura conexa, en particular mediante la colaboración con bancos multilaterales de desarrollo y mecanismos de financiación e inversión innovadores, tradicionales y voluntarios, sobre la base de las prioridades y las necesidades locales establecidas por los gobiernos, garantizando el rendimiento público de la inversión;

c) Adoptar medidas para asegurar que los planes de acción incluyan el desarrollo y el fortalecimiento, según corresponda, de marcos efectivos de vigilancia, supervisión y regulación sobre la preservación, el uso y la venta de antimicrobianos para los seres humanos y los animales, asegurando su cumplimiento efectivo con arreglo a los contextos nacionales y en consonancia con los compromisos internacionales;

d) Iniciar, aumentar y mantener las actividades de concienciación y de adquisición de conocimientos sobre la resistencia a los antimicrobianos, a fin de activar y alentar cambios de comportamiento en los distintos sectores del público, promover programas de prevención, control de las infecciones y saneamiento basados en pruebas empíricas, el uso óptimo de antimicrobianos en los seres humanos y los animales y la expedición de recetas apropiadas por los profesionales de la salud, la participación activa de los pacientes, los consumidores y el público en general, así como los profesionales, en la salud humana y animal, y la formación especializada, capacitación y certificación de los profesionales de la salud, veterinarios y expertos agrícolas, y considerar, según proceda, la posibilidad de aplicar enfoques innovadores para crear mayor conciencia entre los consumidores, prestando atención a las condiciones y necesidades locales;

e) Apoyar el enfoque multisectorial “Una salud” para hacer frente a la resistencia a los antimicrobianos, concretamente mediante actividades de desarrollo de la capacidad impulsadas por la salud pública, asociaciones innovadoras entre los sectores público y privado e incentivos e iniciativas de financiación, junto con las instancias pertinentes de la sociedad civil, la industria, las pequeñas y medianas empresas, los institutos de investigación y las instituciones académicas, a fin de promover el acceso a nuevos medicamentos y vacunas de calidad, seguros, eficaces y asequibles, especialmente antibióticos, así como a terapias y medicamentos alternativos al tratamiento con antimicrobianos y otras terapias combinadas, vacunas y pruebas de diagnóstico;

13. Exhortamos a la Organización Mundial de la Salud, junto con la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura y la Organización Mundial de Sanidad Animal, a que ponga a punto un marco global de desarrollo y gestión, conforme a lo solicitado por la Asamblea Mundial de la Salud en su resolución 68.7, a fin de respaldar el desarrollo, el control, la distribución y el uso adecuado de nuevos antimicrobianos, instrumentos diagnósticos, vacunas y otras intervenciones, al mismo tiempo que se preservan los antimicrobianos existentes, y fomentar el acceso asequible a antimicrobianos y medios de diagnóstico nuevos y existentes, teniendo en cuenta las necesidades de todos los países y en consonancia con el Plan de Acción Mundial para Luchar contra la Resistencia a los Antimicrobianos;

14. Exhortamos a la Organización Mundial de la Salud, en colaboración con la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, la Organización Mundial de Sanidad Animal, los bancos de desarrollo regionales y multilaterales, incluido el Banco Mundial, los organismos competentes de las Naciones Unidas y otras organizaciones intergubernamentales, así como a la sociedad civil y las instancias multisectoriales pertinentes, según proceda, a que apoyen la elaboración y ejecución de planes de acción nacionales y actividades contra la resistencia a los antimicrobianos en los planos nacional, regional y mundial;

15.   Solicitamos al Secretario General que establezca, en consulta con la Organización Mundial de la Salud, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura y la Organización Mundial de Sanidad Animal, un grupo especial de coordinación interinstitucional, copresidido por la Oficina Ejecutiva del Secretario General y la Organización Mundial de la Salud, aprovechando, cuando sea necesario, los conocimientos de las instancias pertinentes, que proporcione orientación práctica a la hora de aplicar los enfoques necesarios para garantizar una acción mundial eficaz y sostenida contra la resistencia a los antimicrobianos, y solicita también al Secretario General que en el septuagésimo tercer período de sesiones de la Asamblea General presente, para su examen por los Estados Miembros, un informe sobre la aplicación de la presente declaración y sobre las novedades y las recomendaciones que dimanen del grupo especial de coordinación interinstitucional, en particular sobre las opciones para mejorar la coordinación, teniendo en cuenta el Plan de Acción Mundial para Luchar contra la Resistencia a los Antimicrobianos.

 

Problemas y necesidades de los países en desarrollo frente a la amenaza mundial de la resistencia a los antimicrobianos

Aunque los países en desarrollo serán los más afectados por la resistencia a los antimicrobianos  no están bien preparados para combatirla. Este artículo forma parte del documento en el que Martin Khor, director ejecutivo del Centro del Sur, basó su presentación en el marco de la reunión de alto nivel de la Asamblea General de las Naciones Unidas sobre la resistencia a los antimicrobianos en septiembre de 2016 y que después fue actualizado para el seminario sobre la resistencia a los antimicrobianos celebrado en Malasia en marzo de 2018.


Por Martin Khor

La resistencia a los antimicrobianos ha desencadenado una grave crisis sanitaria mundial

La resistencia a los antimicrobianos es un problema mayúsculo y acuciante.  Es quizás actualmente la peor crisis mundial de salud pública, comparable con lo que es el cambio climático para el medio ambiente.

La resistencia a los antimicrobianos es la resistencia de un microorganismo a un medicamento antimicrobiano que en un principio era eficaz para el tratamiento de las infecciones que aquel causaba.  Los microorganismos resistentes (como bacterias, hongos, virus y parásitos) son resistentes a los ataques de medicamentos antimicrobianos como los antibacterianos (p. ej. antibióticos), los antifúngicos, antivíricos y antipalúdicos, de manera que los tratamientos habituales se vuelven ineficaces y las infecciones persisten, lo que aumenta el riesgo de propagación entre la población.

Puede que la resistencia de las bacterias y otros microbios a los antibióticos y a otros medicamentos sea un proceso natural ya que los microbios causantes de enfermedades evolucionan con el tiempo en respuesta a los medicamentos,  pero factores como el uso inadecuado de los antibióticos debido a la prescripción y administración inadecuadas; las prácticas indebidas de comercialización, promoción y venta; la falta de sensibilización de los pacientes; el uso inadecuado y generalizado de antibióticos en el sector de la ganadería y la agricultura que transmite los microbios resistentes a los humanos; la propagación de la resistencia a través del medio ambiente, y la existencia de ciertos genes especializados en acelerar y propagar la resistencia entre las bacterias aceleran la tasa de la resistencia y amplían su alcance, lo que aumenta considerablemente la tasa de la resistencia y su propagación a muchas especies de bacterias causantes de enfermedades.

Muchos agentes patógenos se han vuelto resistentes a muchos antibióticos por lo que la resistencia a los antimicrobianos se ha convertido en una crisis mundial. Como ya lo han advertido los dirigentes mundiales de salud pública y científicos de alto nivel, vivimos en una era posterior a los antibióticos en la que será cada vez más difícil tratar tanto dolencias simples como enfermedades peligrosas.  La incidencia de la resistencia a múltiples fármacos ha aumentado considerablemente y algunas enfermedades ya no tienen cura.   En 2012, la entonces directora de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Margaret Chan, advirtió sobre el riesgo de que todos los antibióticos desarrollados hasta el momento dejen de ser eficaces.  Señaló que estamos en una era posterior a los antibióticos, lo que significa en realidad el fin de la medicina moderna tal como la conocemos ahora y afirmó que  cosas comunes como una infección de la garganta o un rasguño en la rodilla de un niño volverán a ser mortíferas.  En 2013, Dame Sally Davies, principal consejera del Gobierno británico en materia de salud, advirtió que la resistencia a los antimicrobianos está tan extendida que podríamos volver a una era sin antibióticos como el siglo XIX cuando muchas enfermedades no tenían cura, lo cual calificó de «catastrófico».

Reunión de alto nivel y Declaración Política de la Asamblea General de las Naciones Unidas sobre la resistencia a los antimicrobianos

Un hecho destacado a nivel mundial fue la adopción el 21 de septiembre de 2016 de una declaración política por parte de jefes de Estado y de Gobierno en una reunión de alto nivel sobre la resistencia a los antimicrobianos que  posteriormente la Asamblea General de las Naciones Unidas adoptó formalmente.

Numerosos dirigentes políticos y ministros destacaron durante la reunión la necesidad de luchar contra la resistencia a los antimicrobianos. La Asamblea General reconoce en la Declaración Política que la resistencia a los antimicrobianos es el riesgo mundial más grave y urgente y que, debido a la resistencia a los antimicrobianos, muchos logros del siglo XX corren grave peligro, en particular: la reducción de la enfermedad y las muertes por enfermedades infecciosas. Es la primera vez que los jefes de Estado y de Gobierno de los países reconocen la crisis de la resistencia a los antimicrobianos y que se comprometen a tomar medidas al respecto.

En la Declaración también se hace hincapié en la necesidad de que los países en desarrollo obtengan recursos financieros y en que la asequibilidad de antimicrobianos nuevos y existentes, vacunas y diagnósticos y el acceso a estos debe ser una prioridad mundial.

Con respecto a las necesidades en materia de innovación, la Declaración reconoce la importancia de desvincular el costo de la inversión en investigación y desarrollo (I+D) sobre la resistencia a los antimicrobianos de los precios y el volumen de las ventas para facilitar el acceso equitativo y asequible a nuevos medicamentos, instrumentos de diagnóstico y vacunas.

Asimismo, la Declaración prevé la creación de un grupo especial de coordinación interinstitucional (copresidido por la Oficina Ejecutiva del Secretario General y la OMS) que informe sobre los progresos en la aplicación de la Declaración y proponga recomendaciones.

En 2017 se creó en la Oficina Ejecutiva del Secretario General el grupo de coordinación interinstitucional encargado del seguimiento de la Declaración. El grupo está conformado por expertos (muchos de ellos funcionarios de los ministerios de Salud) y representantes de las Naciones Unidas y otras organizaciones internacionales. El grupo especial de coordinación interinstitucional tiene un plan de acción y hasta la fecha ya ha celebrado tres reuniones y ha creado seis subgrupos encargados de realizar trabajos de análisis y de presentar recomendaciones. El grupo especial de coordinación interinstitucional presentará su informe al Secretario General de las Naciones Unidas quien, a su vez, presentará un informe a la Asamblea General de las Naciones Unidas en 2019.  El grupo de coordinación seguirá celebrando consultas con los Estados miembros y con grupos de interés público. Es importante que los responsables de la formulación de políticas de los países en desarrollo y las organizaciones no gubernamentales (ONG) participen en este grupo de coordinación interinstitucional.

La participación de los países en desarrollo en la lucha mundial contra la resistencia a los antimicrobianos debe ser una prioridad

Es de esperar que los países desarrollados tomen la iniciativa en la lucha mundial contra la resistencia a los antimicrobianos  dado que cuentan con más recursos financieros y poseen un mayor nivel de conocimientos científicos, capacidad de investigación y tecnología, así como mayores capacidades institucionales y organizacionales en particular, en el sector de la salud.

Sin embargo, los países en desarrollo tendrán que desempeñar un papel importante en la batalla mundial contra la resistencia a los antimicrobianos ya que es en estos países en donde vive la mayor parte de la población mundial y en donde hay el mayor número (y en algunos casos la mayor incidencia) de personas con enfermedades resistentes a los medicamentos. También es en pacientes de países en desarrollo donde se han encontrado principalmente patógenos con genes especializados en propagar la resistencia.  Además, en un mundo cada vez más globalizado y con el aumento del turismo y el comercio, pueden propagarse más fácilmente las bacterias y las enfermedades farmacorresistentes.

Por consiguiente, las necesidades y los intereses especiales de los países en desarrollo deben ser la máxima prioridad en la lucha mundial contra la resistencia a los antimicrobianos para poder ver progresos significativos.

Los países en desarrollo son cada vez más conscientes del problema de la resistencia a los antimicrobianos

Los dirigentes políticos y funcionarios de salud pública de los países en desarrollo son cada vez más conscientes del problema de la resistencia a los antimicrobianos.

En la cumbre del Grupo de los 77 y China celebrada en Santa Cruz (Bolivia) en mayo de 2014 en la que participaron unos 130 miembros de países en desarrollo, los dirigentes políticos aprobaron una declaración cuyo párrafo 66 reza:

«Nos preocupa el creciente problema de la resistencia a los medicamentos antimicrobianos, incluidos los fármacos existentes para luchar contra la tuberculosis y la malaria.  Como consecuencia de esto, un número cada vez mayor de enfermos, especialmente en los países en desarrollo, puede morir a causa de enfermedades que pueden prevenirse o tratarse. Instamos a las autoridades y organizaciones internacionales de la salud, en especial a la Organización Mundial de la Salud (OMS), a que adopten medidas urgentes y a que, a solicitud de los países en desarrollo que no cuentan con los recursos adecuados, cooperen con ellos para solucionar este problema».

Sin embargo, en la mayoría de los países en desarrollo, el común de las personas carece de conocimientos y de información sobre el peligro de la resistencia a los antimicrobianos mientras que la adopción de medidas coordinadas y sistemáticas es incipiente.  Por lo tanto, queda mucho por hacer.

Los habitantes de los países en desarrollo son los más afectados por la resistencia a los antimicrobianos

Los habitantes de los países en desarrollo son los más afectados por la resistencia a los antimicrobianos.   Según un informe sobre la resistencia a los antimicrobianos encargado por el Reino Unido, se estima (y esta es una estimación baja) que actualmente unas 700 000 personas en el mundo mueren cada año por la resistencia a los antimicrobianos. Según el informe, se prevé que para 2050 esta cifra aumentará a 10 millones de muertes anuales.  Se calcula que de estas muertes unas 390 000 ocurrirán en Europa;  unas 317 000 en América del Norte; 22 000 en Oceanía; 4,7 millones en Asia; 4,2 millones en África y 392 000 en América Latina.

La mayoría de las personas afectadas por la resistencia a los antimicrobianos a la mayoría de las enfermedades, vive en países en desarrollo.  La Review on Antimicrobial Resistance (2014: pág. 9) llega a la conclusión de que los países que ya tienen índices elevados de paludismo, del virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) o de tuberculosis, tienen más probabilidades de verse afectados a medida que aumenta la resistencia a los tratamientos actuales.  Entre los países en riesgo se encuentran la India, Nigeria e Indonesia (paludismo) y Rusia (tuberculosis), mientras que África se verá seriamente afectada dado que la comorbilidad del VIH y la tuberculosis tiende a aumentar.

La misma publicación estima que unos 300 millones de personas morirán prematuramente durante los próximos 35 años (entre 2015 y 2050) por la resistencia a los medicamentos y que en 2050 el producto interno bruto (PIB) mundial será entre un 2 % y un 3,5% menor de lo que cabría esperar. Se calcula que de aquí a 2050 las pérdidas económicas si no se combate la resistencia a los antimicrobianos serán de entre 60 billones y 100 billones de dólares.  Se estima que para 2050 las pérdidas acumuladas de producción de los países de la Organización de Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE) serán de entre 20 billones y 35 billones de dólares, lo que significa que unos entre 40 billones y 65 billones o dos terceras partes de las pérdidas serán asumidas por países que no pertenecen a la OCDE.

El caso de la tuberculosis habla por sí solo. La Review on Antimicrobial Resistance (2016) concluyó que cerca de una cuarta parte de las diez millones de muertes que pueden atribuirse a la resistencia a los medicamentos cada año, se producirá, para 2050, por cepas de tuberculosis resistentes a los medicamentos.   La mayoría de estos casos y muertes estimados de cepas de tuberculosis farmacorresistente (TB farmacorresistente) tendrá lugar en países en desarrollo, aunque la tuberculosis también afecta a varios países desarrollados.

La mayoría de las personas afectadas por la creciente resistencia a los medicamentos contra el paludismo y medicamentos de primera línea para el tratamiento del VIH o del Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida (SIDA) también son de países en desarrollo. Los patógenos que son cada vez más resistentes a potentes antibióticos (E coli, K. pneumonia, S. Aureus, salmonella, shigella, gonorrhoea) prevalecen en los países en desarrollo.

Por lo tanto, los responsables de la formulación de políticas y la ciudadanía en los países en desarrollo deberían reconocer que la crisis de la resistencia a los antimicrobianos tiene lugar principalmente en sus países y hacerle frente debe ser su prioridad. Por otra parte, la comunidad internacional debe prestar especial atención a las necesidades de los países en desarrollo y ayudarlos a afrontar la crisis de la resistencia a los antimicrobianos.

En los últimos años se han descubierto al menos dos tipos de genes como el de la metalo-beta-lactamasa-1(NDM-1) y el gen móvil de resistencia a la colistina (MCR-1) que se caracterizan por su capacidad de volver las bacterias altamente resistentes a los medicamentos conocidos y también de propagarse de una especie de bacterias a otras mediante la transferencia genética horizontal.  Las bacterias que contienen estos genes fueron descubiertas primero en los países en desarrollo y su presencia se ha confirmado ahora en muchos otros países.  Los descubrimientos de los genes NDM-1 y MCR-1 hacen aún más imperiosa la tarea de afrontar la resistencia a los antimicrobianos.

Los países en desarrollo afrontan muchas dificultades para hacer frente a la resistencia a los antimicrobianos

Los países en desarrollo hacen frente a muchas dificultades para hacer frente a la resistencia a los antimicrobianos como, por ejemplo, la desinformación, la falta de conocimientos especializados, de fondos, de equipos técnicos, de personal y de voluntad política para tomar la serie de medidas necesarias, que suponen obstáculos para la aplicación de los planes de acción de la resistencia a los antimicrobianos.

Otra cuestión es que el problema de la resistencia a los antimicrobianos, que tiene origen en los sectores de la salud, la agricultura, la ganadería y el medioambiente, comprende el mandato de varios sectores y por consiguiente, de sus ministerios o departamentos.

Para educar al público, los departamentos relacionados con la educación y con la información deben estar involucrados. En la lucha pluridimensional contra la resistencia a los antimicrobianos se requiere el compromiso y la participación de todos estos departamentos, lo que implica un gran esfuerzo y el compromiso de los dirigentes políticos al más alto nivel y esto  no es fácil de lograr.

Los países en desarrollo tienen otras dificultades que compiten con la resistencia a los antimicrobianos por atención y recursos. Si bien es un problema muy grave, la resistencia a los antimicrobianos es una causa discreta de mortalidad menos notoria que otras cuestiones críticas evidentes dentro y fuera del ámbito de la salud (como la desnutrición, los brotes de infecciones y epidemias; los conflictos y el terrorismo; las inundaciones y  sequías, la escasez de agua y el cambio climático; el desempleo, la pobreza, la migración y la situación de los refugiados).

En la competencia por obtener los escasos fondos y personal disponibles es difícil que la resistencia a los antimicrobianos obtenga los recursos y la atención que merece.

Los países en desarrollo también necesitan tener acceso a precios asequibles a los nuevos antibióticos y a otros antimicrobianos

Otra cuestión sumamente preocupante para los países en desarrollo es su necesidad de tener un acceso a precios asequibles tanto a los antimicrobianos que existen actualmente, como a los que se fabriquen en el futuro. Incluso cuando los medicamentos no están patentados o aunque compitan con medicamentos genéricos, muchos pacientes pobres no pueden pagar el tratamiento. Si se patentan los antimicrobianos se dispararán los precios, lo que supone un gran obstáculo para el acceso a los mismos. A medida que aumenta la resistencia hacen falta medicamentos de segunda y tercera línea para tratar las enfermedades existentes, pero es probable que estos nuevos medicamentos sean patentados y que sean costosos.

Son muchos los ejemplos de nuevos antimicrobianos cuyo elevado precio supone un obstáculo para el acceso a los medicamentos.

  • Dos nuevos medicamentos recomendados por la OMS para tratar la TB farmacorresistente han estado cuatro años en el mercado, pero solo 4 800 personas con TB farmacorresistente fueron tratadas con estos medicamentos en 2016, según Médecins Sans Frontières (MSF).  Solo 469 personas recibieron delamanid y unas 4 300 bedaquiline. Por lo tanto, menos de un 5 % de las personas recibieron los medicamentos necesarios, mientras que otras siguieron siendo tratadas con regímenes terapéuticos obsoletos y más tóxicos que curan tan solo al 50 % de los pacientes tratados y causan efectos secundarios graves. Más de medio millón de personas fueron infectadas por el bacilo de la TB farmacorresistente en 2015. En una declaración emitida a principios de 2016, MSF indicó que el precio de un solo ciclo de tratamiento de delamanid en los países en desarrollo era de 1 700 dólares por persona y abogó por una reducción de precio de un 98 %. Para tratar eficazmente la TB farmacorresistente, el delamanid tiene que tomarse con una serie de medicamentos cuyo precio mínimo por tratamiento curativo en los países en desarrollo, sin incluir el delamanid, oscila entre 1 000 dólares y 4 500 dólares, un precio inasequible para los Gobiernos. MSF defiende la fijación de un precio objetivo de 500 dólares por un tratamiento para la TB farmacorresistente.
  • El precio de los medicamentos de segunda y tercera línea contra el VIH es mucho mayor que el de los medicamentos de primera línea. Los pacientes que ya no responden al tratamiento con medicamentos de primera línea (debido a la farmacorresistencia) deben recurrir a los nuevos medicamentos y afrontar los problemas de costo y acceso que ello supone. Según MSF, en 2015 el precio mínimo disponible de medicamentos de primera línea por una píldora diaria combinada (efavirenz, emtricitabina y tenofovir) era de 100 dólares anuales por persona.  Sin embargo, el precio mínimo de los medicamentos más nuevos (o de las terapias de aquellos casos que no responden a los tratamientos habituales) para quienes no tenían otra alternativa era de 1 859 anuales por persona (raltegravir+darunavir+etravirina).  Es decir, el precio era 18 veces mayor que el costo de la terapia de primera línea y 6 veces superior al precio de la combinación de segunda línea. El informe de MSF concluye que los precios de los medicamentos más antiguos contra el VIH siguen bajando, mientras que los de los nuevos medicamentos siguen siendo inasequibles en su mayoría. Esto se debe en gran parte a que las empresas farmacéuticas mantienen monopolios que impiden la competencia con medicamentos genéricos que permitiría bajar los precios.

El sofosbuvir, un nuevo medicamento contra la Hepatitis C, fue puesto a la venta en el mercado estadounidense a un precio de 80 000 dólares por tratamiento. En los países en desarrollo de ingresos medianos a los que la empresa farmacéutica (Gilead) no les concedió una licencia voluntaria el precio oscilaba entre 10 000 dólares y 40 000 dólares. El sofosbuvir, generalmente combinado con otro medicamento, tiene una tasa de eficacia de un 95 % y menos efectos secundarios en comparación con una tasa menor y mayores efectos secundarios de otros regímenes más antiguos, pero su precio es inasequible para la mayoría de las personas y Gobiernos de los países en desarrollo (aunque también de los países desarrollados).  Los altos precios pudieron mantenerse debido a la patente propiedad de Gilead.  El 2017 Malasia otorgó una licencia obligatoria para el sofosbuvir. Una empresa local importa ahora de Egipto el genérico del sofosbuvir.  Según el ministro de Salud, el precio mínimo ofrecido al Gobierno por Gilead para el sofosbuvir era de 50 000 ringgit.  El Gobierno ha negociado para obtener una versión genérica de este medicamento a 1 000 ringgit (250 dólares) por paciente y  ha asumido los costos del tratamiento de los pacientes en los hospitales públicos dispensando gratuitamente la combinación de sofosbuvir y daclastavir.  Algunos pacientes llegaron a pagar unos 300 000 ringgit por un tratamiento curativo. En Malasia hay unas 400 000 personas con Hepatitis C.  Según el comunicado, 23 000 pacientes de la lista del Ministerio de Salud serán tratados por etapas, 2 000 de ellos en 2018.

Estos tres ejemplos demuestran que el acceso a los nuevos antimicrobianos desarrollados es una cuestión fundamental. Con respecto a los antibióticos, los nuevos antibióticos deberían ser considerados bienes públicos internacionales y sus precios deben ser asequibles para las personas, especialmente de países en desarrollo, que de otro modo no tendrían los recursos financieros para adquirirlos a precios de monopolio.

Los países en desarrollo también necesitan tener acceso a precios asequibles a las vacunas y a equipos de laboratorio y diagnóstico.

Es necesario que los países tengan un acceso fiable y a precios asequibles no solo a los antimicrobianos nuevos, sino a los que ya existen. Muchas personas en los países en desarrollo aún no tienen acceso a los medicamentos existentes ya sea porque no están disponibles en el mercado o en los hospitales públicos, o porque no pueden pagar su precio.  Según han indicado varios grupos interesados importantes como el grupo de acción sobre la resistencia a los antimicrobianos ReAct, la alianza mundial de investigación y desarrollo de antibióticos (Global Antibiotic Research and Development Partnership –GARP-) y la Sociedad Europea de Microbiología Clínica y Enfermedades Infecciosas en un artículo de opinión publicado en la revista Lancet Infectious Diseases, la producción y el suministro insostenible de antibióticos antiguos se está convirtiendo en un serio problema mundial que limita aún más las opciones para el tratamiento de infecciones bacterianas comunes, lo que contribuye a la crisis mundial de la resistencia a los antimicrobianos.  Uno de los autores del artículo, Thomas Tangden, director del servicio médico de ReAct, indica que se ha informado de escasez de antibióticos y aumentos súbitos de los precios, lo cual demuestra la fragilidad del sistema de suministro, que pueden acarrear, entre otros, unos peores resultados clínicos, la rápida propagación de la resistencia y mayores costos para las personas y para la sociedad en general.

Cuando las patentes se convierten en un obstáculo para el acceso a los medicamentos, los países tienen la posibilidad de recurrir a las flexibilidades previstas por el Acuerdo sobre los Aspectos de los Derechos de la Propiedad Intelectual Relacionados con el Comercio (Acuerdo sobre los ADPIC) como, por ejemplo, establecer criterios de patentabilidad que mejoren la calidad de las patentes otorgando patentes únicamente para las invenciones genuinas y emitiendo licencias obligatorias o licencias de uso por el Gobierno para aumentar la competencia en el mercado al permitir la producción y la importación de medicamentos genéricos.  Sin embargo, los países que ejercen su derecho a hacer uso de estas flexibilidades casi siempre se topan con una férrea resistencia por parte de las empresas originadoras y de los Gobiernos de los países de estas empresas, cuando el uso legítimo de las flexibilidades no debería tener oposición.

Es importante que a la hora de evaluar y de desarrollar los modelos de I+D de nuevos antimicrobianos se dé prioridad al principio de acceso a los medicamentos.

La Declaración Política de la reunión de alto nivel de la Asamblea General de las Naciones Unidas sobre la resistencia a los antimicrobianos concede gran importancia al acceso a los medicamentos. En muchas partes de la Declaración se menciona el acceso a precios asequibles a los antimicrobianos como un principio y un objetivo importante.

La cuestión de la financiación y del acceso, un tema destacado de la Declaración Política de la Asamblea General de las Naciones Unidas sobre la resistencia a los antimicrobianos

La Declaración Política de la Asamblea General de las Naciones Unidas sobre la resistencia a los antimicrobianos respalda claramente el fomento de la capacidad, el acceso a los medicamentos, la transferencia de tecnología y el apoyo financiero a los países en desarrollo. Los jefes de Estado y de Gobierno subrayan (en el apartado d) del párrafo 10) de la Declaración «que la asequibilidad de antimicrobianos nuevos y existentes, vacunas y diagnósticos y el acceso a estos debe ser una prioridad mundial».  En virtud del apartado f) del párrafo 10 los jefes de Estado y de Gobierno indican su intención de mejorar «el desarrollo de la capacidad, la transferencia de tecnología en condiciones mutuamente convenidas y la asistencia y la cooperación técnicas para controlar y prevenir la resistencia a los antimicrobianos, así como la cooperación internacional y la financiación para apoyar la elaboración y ejecución de planes de acción nacionales, incluida la vigilancia y el seguimiento, el fortalecimiento de los sistemas de salud y la capacidad normativa y de investigación, sin poner en peligro, en particular en el caso de los países de ingresos bajos y medianos, la salud y sin oponer obstáculos al acceso a la atención médica».

En la Asamblea Mundial de la Salud en mayo de 2017 varios países en desarrollo, entre ellos el Brasil y la India, hicieron hincapié en la necesidad de abordar el acceso a antibióticos nuevos y existentes y a instrumentos de diagnóstico a precios asequibles como cuestiones prioritarias ya que no era suficiente con tomar medidas para el control y la distribución de antibióticos. Señalaron asimismo la necesidad de usar modelos de innovación basados en el principio de desvinculación para garantizar la disponibilidad de medicamentos a precios asequibles. El representante del Brasil expresó su preocupación por el hecho de que las cuestiones del acceso y la desvinculación fueron dos temas relevantes de la Declaración Política de la Asamblea General de las Naciones Unidas, pero no recibieron el debido reconocimiento en el documento relativo al marco mundial de desarrollo y rectoría sobre los antimicrobianos.

Necesidad de un modelo de innovación compatible con el acceso a los nuevos antibióticos

Un componente indispensable para hacer frente a la crisis de la resistencia a los antimicrobianos es el desarrollo de nuevos medicamentos antimicrobianos, instrumentos de diagnóstico, vacunas y otros productos. En el ámbito de la I+D de antibióticos existen problemas latentes. En primer lugar, en los últimos veinte o treinta años ninguna o muy pocas nuevas clases de antibióticos han sido descubiertas y son muy pocos los nuevos productos prometedores en la reserva actual de medicamentos en desarrollo.  Una de las razones podría ser que los antibióticos no generan tantos beneficios en comparación con medicamentos para enfermedades que requieren un tratamiento largo.

En segundo lugar, los modelos dominantes de I+D vinculan los precios de los medicamentos con los precios de la I+D y las empresas son dueñas de la patente, lo que genera un aumento de los precios de los nuevos medicamentos y los vuelve inasequibles para la mayoría de las personas de los países en desarrollo.  Por lo tanto, se requiere de un modelo de I+D compatible con el acceso a los medicamentos que desvincule el costo de la innovación del precio de los nuevos medicamentos, así como del volumen de ventas.  Suele hacerse referencia a este modelo como modelo de innovación basado en el principio de la desvinculación.

Existen al menos dos planteamientos en relación con la clase de modelo de I+D que conviene adoptar.  El primero aboga por continuar con el modelo dominante pero aumentar los incentivos para las empresas otorgándoles más ayuda económica para la I+D y autorizar la extensión de la duración de la patente para los nuevos antibióticos esperando incentivar así el desarrollo de nuevos productos en las principales empresas farmacéuticas. Este enfoque tiene el inconveniente de que aumenta el período del monopolio y mantiene los precios altos, lo que agrava el problema del acceso a los medicamentos.

El segundo planteamiento es establecer mecanismos de financiación pública por parte de los Gobiernos y de donaciones de organizaciones benéficas de manera que las empresas no asuman el costo de la innovación.  Los derechos de propiedad intelectual de los nuevos productos pertenecerían al fondo público o a la organización benéfica, que tendría la opción de otorgar licencias gratuitas a las empresas o instituciones, al menos en los países en desarrollo, o de concederles a las empresas licencias supeditadas a la facilitación del acceso a los medicamentos. De esta manera se desvincularía el costo de la innovación del precio de los nuevos productos, que podría fijarse a niveles asequibles.  La OMS está considerando nuevas opciones a fin de establecer nuevas alianzas y modelos de colaboración abierta para actividades de I+D. Por ejemplo, se ha asociado con la Iniciativa para obtener medicamentos para combatir enfermedades desatendidas con miras a crear una alianza sin ánimo de lucro, el Servicio mundial de investigación y desarrollo de antibióticos, para desarrollar nuevos antibióticos a precios asequibles que también se someterán a un programa de conservación.

En la Declaración Política sobre la resistencia a los antimicrobianos adoptada por jefes de Estado y de Gobierno en las Naciones Unidas se respaldan claramente las actividades de I+D que guardan estrecha relación con el acceso a los medicamentos y que se ajustan al modelo de desvinculación.  El apartado c) del párrafo 10 se refiere ampliamente a la I+D: los jefes de Estado y de Gobierno «[Subrayamos] que todos los esfuerzos de investigación y desarrollo deben responder a las necesidades, estar fundamentados en pruebas y guiarse por los principios de asequibilidad, eficacia y eficiencia y equidad, y deben considerarse una responsabilidad compartida: a este respecto, [reconocemos] la importancia de desvincular el costo de la inversión en investigación y desarrollo sobre la resistencia a los antimicrobianos de los precios y el volumen de las ventas para facilitar el acceso equitativo y asequible a nuevos medicamentos, instrumentos de diagnóstico, vacunas y otros resultados que puedan obtenerse mediante la investigación y el desarrollo».

En su informe final, el Grupo de Alto Nivel del Secretario General de las Naciones Unidas sobre el Acceso a los Medicamentos «insiste en que los modelos comerciales de innovación para la RAM no son sostenibles» e indica que «debe ponerse en marcha financiación para I+D con el fin de dar respuesta al problema de la RAM y a los desafíos conexos a través de modelos de desvinculación. De hecho, el problema de la RAM constituye un contexto importante e indiscutible en el que puede explorarse plenamente la viabilidad de los modelos de innovación relacionados con la desvinculación».

Resumen de las cuestiones fundamentales para satisfacer las necesidades de los países en desarrollo

Los programas encargados de la aplicación de las medidas relacionadas con la resistencia a los antimicrobianos deben:

  • Tomar plenamente en cuenta los problemas y las necesidades de los países en desarrollo.
  • Promover una estrecha cooperación internacional a fin de fomentar la capacidad de los países en desarrollo para hacer frente a la resistencia a los antimicrobianos.
  • Movilizar los recursos financieros para apoyar el fomento de la capacidad y la aplicación de los planes nacionales contra la resistencia a los antimicrobianos en los países en desarrollo.
  • Establecer un fondo mundial para el fomento de la capacidad en los países en desarrollo en relación con la resistencia a los antimicrobianos que se inscriba en el marco de las Naciones Unidas y esté vinculado al Plan de Acción Mundial para Luchar contra la Resistencia a los Antimicrobianos. Entretanto, debe alentarse a los Gobiernos a establecer sus propios fondos o a asignar parte de su asistencia oficial para el desarrollo (AOD) a la ayuda para la lucha contra la resistencia a los antimicrobianos en los países en desarrollo.
  • Proporcionar transferencia de tecnología y equipos técnicos, en particular, equipos de diagnóstico y conocimientos técnicos, a los países en desarrollo en forma de donaciones o de financiación en condiciones favorables.
  • Garantizar el acceso a precios asequibles a los medicamentos, vacunas y equipos de diagnóstico nuevos y existentes, en especial para personas de países en desarrollo.
  • Desarrollar y fomentar modelos de I+D que desvinculen el precio de los antimicrobianos y otros productos del costo de la I+D, especialmente aquellos en los que los costos de la innovación son financiados mediante fondos públicos y organizaciones benéficas y en los que las licencias de fabricación del producto son puestas a disposición de empresas e instituciones de países en desarrollo gratuitamente o a bajo costo.
  • Apoyar el fomento de la capacidad en los países en desarrollo y brindarles apoyo financiero para una amplia gama de actividades de lucha contra la resistencia a los antimicrobianos a nivel nacional relacionadas con la prevención de infecciones, el uso adecuado de los antibióticos, nuevas normas en materia de comercialización, nuevas normas sobre la comercialización de medicamentos, la prescripción y dispensación de medicamentos y su cumplimiento, la reforma del uso de los antibióticos en la agricultura, la mejora de las prácticas en hospitales y clínicas, la educación del público, etc.

 

Nuevos datos sobre el alcance de la resistencia a los antimicrobianos

La nota descriptiva de la OMS sobre la resistencia a los antimicrobianos da una buena descripción del alcance de la resistencia.  Estas son algunas de las conclusiones de la OMS a enero de 2018:

  • La resistencia a los antimicrobianos (RAM) pone en peligro la eficacia de la prevención y el tratamiento de una serie cada vez mayor de infecciones por virus, bacterias, hongos y parásitos.
  • Los pacientes con infecciones causadas por bacterias farmacorresistentes corren mayor riesgo de tener peores resultados clínicos y de morir. Además, consumen más recursos sanitarios que los infectados por cepas no resistentes de las mismas bacterias.
  • Los niveles de resistencia a los antibióticos en bacterias que causan infecciones comunes como infecciones urinarias, pulmonares y sanguíneas en todas las regiones del mundo son altos.
  • La resistencia de la Klebsiella pneumoniae (K. pneumoniae, una bacteria intestinal común que puede causar infecciones potencialmente mortales) al tratamiento utilizado como último recurso (los antibióticos carbapenémicos) se ha propagado a todas las regiones del mundo. Debido a la resistencia, en algunos países los antibióticos carbapenémicos ya no son eficaces en más de la mitad de los pacientes con infecciones por la K. pneumoniae. La K. pneumoniae es una importante causa de infecciones nosocomiales, como la neumonía, la sepsis o las infecciones de los recién nacidos y los pacientes ingresados en unidades de cuidados intensivos.
  • La resistencia de la Escherichia coli (E. coli) a una de las clases de medicamentos más utilizadas en el tratamiento de las infecciones urinarias (las fluoroquinolonas) está muy generalizada. En muchas partes del mundo hay países en los que este tratamiento es ineficaz en más de la mitad de los pacientes.
  • Un alto porcentaje de las infecciones hospitalarias son causadas por bacterias muy resistentes como el estafilococo dorado resistente a la meticilina (EDRM) o bacterias multirresistentes como la bacteria gram negativa. Se calcula que los pacientes con infecciones por la EDRM tienen una probabilidad de morir un 64% mayor que los pacientes con infecciones no resistentes a la EDRM, causa frecuente de infecciones graves en los centros sanitarios y en la comunidad.
  • Se calcula que en 2016 hubo unos 490 000 nuevos casos de TB multirresistente y solo se detectaron y notificaron aproximadamente un 25% de ellos. En 121 países se ha identificado la existencia de tuberculosis ultrarresistente (TBUR). La TB multirresistente necesita tratamientos más largos y menos eficaces que los tratamientos para la tuberculosis no resistente.  Entre los casos nuevos de tuberculosis registrados en 2016, un 4,1 % fueron casos de TB multirresistente (un 19 % de estos ya habían sido tratados por tuberculosis). Un 6, 2 % de las personas con TB multirresistente tiene TBUR.
  • Hasta julio de 2016 se había confirmado la resistencia al tratamiento de primera línea contra el paludismo por el parásito Plasmodium falciparum (tratamientos combinados basados en la artemisinina: TCA) en cinco países de la subregión del Gran Mekong (Camboya, Myanmar, República Popular Democrática Lao, Tailandia y Viet Nam). Los pacientes con infecciones resistentes a la artemisinina se recuperan totalmente cuando reciben un TCA que contenga otro fármaco eficaz.  No obstante, en la frontera entre Camboya y Tailandia, el P. falciparum se ha vuelto resistente a casi todos los antipalúdicos. La propagación de cepas resistentes, en particular a los TCA, a otras partes del mundo, podría poner en peligro los avances recientes en el control del paludismo.
  • Al menos 10 países han confirmado casos en los que ha fracasado el tratamiento de la gonorrea con el último recurso frente a esta enfermedad: las cefalosporinas (antibióticos) de tercera generación. Las nuevas directrices de la OMS para el tratamiento de la gonorrea ya no recomiendan las quinolonas (una clase de antibióticos) debido a la generalización de una gran resistencia a ellas.  En vista de que no se están desarrollando vacunas ni nuevos medicamentos, pronto esta enfermedad será incurable.
  • En 2012 la OMS informó de un aumento gradual de la resistencia a los medicamentos para tratar el VIH aunque no alcanzaba niveles críticos. Desde entonces se ha informado de nuevos casos de resistencia a medicamentos de primera línea para el tratamiento del VIH. En 2010 se estimaba que un 7% de las personas de países en desarrollo que empezaba a recibir terapia antirretrovírica padecía un tipo de VIH resistente a los medicamentos. En los países en desarrollo esta proporción era de entre un 10% y un 20%. Algunos países han notificado recientemente porcentajes de resistencia del 15% o un nivel superior entre quienes empiezan a recibir tratamiento para luchar contra el VIH y de hasta un 40% entre quienes vuelven a someterse a tratamiento. Las personas que tenían un tipo de VIH resistente a los medicamentos de primera línea necesitan regímenes de tratamiento de segunda y tercera línea, pero estos regímenes son 3 y 18 veces más costosos, respectivamente, que los medicamentos de primera línea.

 

Medidas necesarias para combatir la resistencia a los antimicrobianos en el ámbito nacional

Es fundamental aumentar la capacidad de los países en desarrollo para adoptar las medidas necesarias contra la resistencia a los antimicrobianos, en particular:

  • Realizar actividades de investigación científica que incluyan análisis sobre la mutación de las bacterias, la transferencia de genes, sobre tasas y formas de propagación de la resistencia, así como sobre la resistencia a los antimicrobianos en la cadena alimentaria.
  • Aumentar considerablemente la vigilancia y la recopilación de datos sobre la resistencia en varios patógenos a diversos medicamentos y la resistencia de bacterias en animales relacionados con la alimentación, en los alimentos y en el medio ambiente.
  • Mejorar y actualizar los equipos de laboratorio, en particular, los instrumentos de diagnóstico, con el fin de hacer mejores diagnósticos, para distinguir entre las bacterias y los virus y entre las bacterias (y patógenos) resistentes y no resistentes, a fin de obtener el tratamiento adecuado.
  • Controlar las infecciones en los hospitales, en particular, mejorar la higiene, modernizar la infraestructura de salas y teatros, sistemas de circulación de aire, etc.
  • Controlar las infecciones mediante el abastecimiento de agua salubre, instalaciones sanitarias y hábitats adecuados y un ambiente limpio.
  • Formular e implementar una política nacional para el uso racional y adecuado de los antibióticos y de otros antimicrobianos.
  • Establecer normas de reglamentación y observancia para la venta, prescripción y dispensación de antimicrobianos.
  • Establecer directrices o normas para el personal médico, los hospitales y las clínicas sobre el uso adecuado de los antibióticos y sobre las relaciones con los representantes de ventas de la industria de la salud.
  • Establecer reglas sobre las prácticas de comercialización de las empresas farmacéuticas para mejorar su papel en relación con el uso adecuado de los medicamentos y abordar los efectos de los incentivos al personal de ventas y al personal médico y veterinario vinculado con el volumen de ventas de los antibióticos.
  • Establecer reglas en los sectores de la agricultura y la ganadería para eliminar gradualmente el uso no terapéutico de los antibióticos, considerando que su uso indebido es el factor principal de la crisis de los antimicrobianos. Como primera medida, los antibióticos usados para el tratamiento de enfermedades que ponen en peligro la vida de las personas deberían prohibirse para ser usados como estimuladores del crecimiento de los animales.
  • Hacer frente a la contaminación del medioambiente por residuos de antibióticos, en particular, residuos provenientes de laboratorios farmacéuticos e instalaciones médicas.
  • Educar a los consumidores y a la ciudadanía sobre el uso adecuado de los antibióticos.
  • Formular políticas que garanticen que la población tenga acceso a precios asequibles tanto a los antibióticos existentes como a los nuevos y a otros antimicrobianos.
  • Establecer un plan de acción nacional sobre la resistencia a los antimicrobianos y el marco institucional para su aplicación, incluidos los mecanismos de coordinación con el sector de la salud y con otros ministerios como los ministerios de agricultura, educación e información.
  • Potenciar la capacidad de organizaciones no gubernamentales (ONG) relacionadas con la salud, de los medios de comunicación y de las instituciones educativas para abordar la resistencia a los antimicrobianos como una cuestión prioritaria.
  • Destinar fondos internos y externos para facilitar la aplicación de los planes y actividades nacionales sobre la resistencia a los antimicrobianos.

 

Los países en desarrollo precisan del suministro de recursos financieros

Los países en desarrollo dependen de la cooperación internacional para aplicar las medidas necesarias para:

 

  • Obtener los recursos financieros necesarios para hacer frente a la resistencia a los antimicrobianos. Los países en desarrollo tendrán que destinar recursos internos a la ejecución de las actividades necesarias para luchar contra la resistencia a los antimicrobianos.  Sin embargo, algunos de ellos, especialmente los países de bajos ingresos, necesitarán financiación internacional para aumentar los recursos internos teniendo en cuenta los altos costos que esta lucha entraña y otros problemas que también requieren financiación.  Los países en desarrollo deben preparar sus planes de acción integrales contra la resistencia a los antimicrobianos junto con una estimación de costos y un presupuesto que incluya estimaciones de los recursos que se pueden destinar en el plano nacional y los recursos que se espera obtener de la cooperación internacional.
  • Obtener los equipos y la tecnología necesaria para luchar contra la resistencia a los antimicrobianos como equipos de diagnóstico para proteger las clínicas y hospitales contra la resistencia a los antimicrobianos, así como para la investigación científica y la innovación.
  • Mejorar la infraestructura de los centros hospitalarios para reforzar el control y el diagnóstico de las infecciones y el entorno de los pabellones y salas de cirugía para minimizar el riesgo de propagación de las infecciones (especialmente las farmacorresistentes) en los hospitales y brindar un entorno más adecuado a los pacientes con infecciones resistentes.
  • Obtener antibióticos y otros antimicrobianos para tratar a los pacientes y en particular, aquellos con enfermedades causadas por patógenos farmacorresistentes.
  • Asumir los costos de la eliminación gradual de uso de los antibióticos con fines no terapéuticos en la ganadería.
  • Asumir los costos de hacer frente a los problemas ambientales relacionados con la resistencia a los antimicrobianos.
  • Contratar y formar suficiente personal, por ejemplo, para la gestión y la coordinación de los planes de acción contra la resistencia a los antimicrobianos; y el control, la administración y el cumplimiento de las directrices y normas.
  • Reforzar las capacidades de las comunidades, las OSC, las instituciones educativas y los medios de comunicación para sensibilizar al público y tomar otras medidas relacionadas con la resistencia a los antimicrobianos.

Debería crearse un fondo internacional o una serie de fondos para ayudar a los países en desarrollo a asumir los costos entes mencionados que entraña la lucha contra la resistencia a los antimicrobianos.

Parte de los recursos de dicho fondo debería usarse para poner a disposición de la población los equipos técnicos necesarios de control, diagnóstico y tratamiento.

 

 

 

 

 

El Centro del Sur y las OSC reclaman medidas urgentes contra la resistencia a los antimicrobianos y nuevos modelos de innovación

En el marco del 70º período de sesiones de la Asamblea Mundial de la Salud celebrado en mayo de 2017 el Centro del Sur apoyó y presidió un diálogo multilateral paralelo entre los Gobiernos y organizaciones de la sociedad civil (OSC) en el que los participantes reclamaron la adopción de medidas urgentes para la lucha mundial contra la resistencia a los antimicrobianos.

La reunión paralela sobre las reflexiones de la sociedad civil, las organizaciones intergubernamentales y los países en desarrollo en torno a las medidas de respuesta al problema de la resistencia a los antimicrobianos tuvo lugar el 22 de mayo de 2017 en el Palacio de las Naciones Unidas en Ginebra (Suiza). El evento contó con el patrocinio de Médecins Sans Frontières (MSF), la Iniciativa para obtener medicamentos para combatir enfermedades desatendidas (DNDi), Health Action International (HAI) y Medicus Mundi International Network (MMI) y con el apoyo del Centro del Sur y del grupo de acción sobre la resistencia a los antimicrobianos ReAct Action on Antibiotic Resistance. El Centro del Sur desempeñó un papel central en la organización de la reunión, presidida por Viviana Muñoz.
 
A continuación presentamos un informe de la reunión.


Por Mirza Alas

La sociedad civil está desempeñando un papel cada vez más activo en la promoción de medidas más eficaces y coordinadas para combatir la crisis de la resistencia a los antimicrobianos.  Representantes de alto nivel de organizaciones de la sociedad civil (OSC) tomaron la palabra durante la Asamblea Mundial de la Salud en un salón abarrotado (muchos de los participantes tuvieron que permanecer de pie) y destacaron la necesidad no solo de adoptar medidas urgentes para controlar el uso indebido de los antibióticos, sino también de que los nuevos antimicrobianos sean accesibles y tengan precios asequibles para todos.

Dirigentes de OSC como MSF, DNDi y MMI recalcaron que los pobres y los países de ingresos medianos bajos (PIMB) son los principales afectados por la resistencia a los antimicrobianos. Adujeron que dado que se están destinando más fondos a las actividades de investigación y desarrollo (I+D) de medicamentos, es fundamental que el resultado de la I+D o los precios de los nuevos antibióticos, antimicrobianos, vacunas e instrumentos de diagnóstico sean asequibles para los PIMB, especialmente para las personas pobres.   La presidenta de la reunión, Viviana Muñoz del Centro del Sur, compartió esta opinión en sus palabras de apertura y clausura.  Los funcionarios de los ministerios de la Salud de la India y de Tailandia presentaron los planes de lucha contra la resistencia a los antimicrobianos de sus países, abordaron cuestiones relativas a su aplicación y solicitaron más apoyo a la Organización Mundial de la Salud (OMS).

La DNDi, ReACT y MSF hicieron hincapié en que las actividades de I+D para la lucha contra los antimicrobianos deben atenerse a principios acordados internacionalmente como la asequibilidad, la efectividad, la eficacia, la equidad y la desvinculación. Varios oradores destacaron la importancia de atenerse al principio de desvinculación, es decir, que el precio y el volumen de ventas de los antibióticos no estén vinculados con el costo de las actividades de I+D, y por lo tanto, de poner en práctica nuevos modelos de innovación basados en la desvinculación.

Los problemas de acceso a los medicamentos y la importancia de que los modelos de innovación sean compatibles con el acceso a los medicamentos fueron los aspectos más destacados de las presentaciones de las OSC, que ven en estos modelos la posibilidad de garantizar la obtención de beneficios de una mejor gestión tanto de los antibióticos existentes como de los nuevos.

Viviana Muñoz dio la bienvenida a los participantes en nombre del Centro del Sur y señaló que la nutrida asistencia de participantes demostraba el amplio respaldo hacia la lucha mundial coordinada para combatir la resistencia a los antimicrobianos. Observó que la resistencia a los antimicrobianos es un problema multidimensional: por ejemplo, dijo, la resistencia a los antimicrobianos está relacionada con el mal uso y el abuso, pero también existe el problema del acceso a los antimicrobianos. También tiene que ver con el uso en los humanos y en los animales, así como con los efectos sobre el medio ambiente.

El aspecto positivo es que la resistencia a los antimicrobianos ocupa ahora un lugar destacado en el programa de salud pública a nivel mundial  y en los programas nacionales de salud. También se reconoce la necesidad de adoptar un planteamiento integral del problema que incluya múltiples sectores y actores. Viviana Muñoz dijo estar muy complacida de ser la moderadora de un panel de expertos compuesto por las OSC y por personas que trabajan muy duro para cambiar las cosas y cuyo compromiso con el programa sobre la resistencia a los antimicrobianos es esencial, ya que tienen la extraordinaria capacidad de generar y movilizar acciones colectivas y un profundo conocimiento de las causas subyacentes de los problemas relacionados con la resistencia a los antimicrobianos. Por último, subrayó que el Centro del Sur está convencido de la necesidad de darle más voz a la sociedad civil para que participe en el programa sobre la resistencia a los antimicrobianos y contribuya a definirlo, si de verdad se quiere un cambio.

Anthony D. So, director de la iniciativa IDEA (Innovation+Design Enabling Access) de la Bloomberg School of Public Health de la Universidad John Hopkins para mejorar el acceso a la salud y director de la coalición mundial para la lucha contra la resistencia a los antibióticos ReAct, sugirió abordar el problema de la resistencia a los antimicrobianos desde una perspectiva sistémica que tenga en cuenta elementos como la innovación, el acceso y la gestión.

So destacó la necesidad de poner coto al uso de los antibióticos con fines no terapéuticos y de eliminar gradualmente el uso en la producción de alimentos para los animales de ciertos antibióticos como la colistina, usado como tratamiento de último recurso en la medicina humana. So observó que el volumen de antibióticos usados en la agricultura y la acuicultura es mayor que el usado en los humanos.

También abordó cuestiones relacionadas con los precios de los antibióticos e indicó que la idea de recurrir al racionamiento de los antibióticos mediante unos precios más elevados de los medicamentos no es una manera efectiva de garantizar el uso racional. So afirmó que las enfermedades infecciosas no distinguen entre pobres y ricos y causan mayores daños entre quienes no pueden pagar los antibióticos.   También señaló que si los tratamientos con nuevos antibióticos podrían costar miles de dólares debemos comenzar a pensar en la forma de garantizar el acceso y la gestión de esta reserva de medicamentos innovadores en desarrollo.

So se refirió además a la forma como las iniciativas de fomento de los incentivos para los nuevos antibióticos (por ejemplo, la alianza CARB-X, la Iniciativa sobre medicamentos innovadores (IMI) de la Unión Europea (UE), los Institutos Nacionales de la Salud (NIH), la Biomedical Advanced Research and Development Authority (BARD), y el programa de biodefensa de los Estados Unidos) abordan el importante cuello de botella científico en la reserva de proyectos de I+D. Sin embargo, afirma So, estos esfuerzos no son suficientes y cuestiones como la desvinculación, las condiciones para el acceso y la gestión deben abordarse mejor.  So explicó que CARB-X tiene comprometidos fondos únicamente por 350 millones de dólares cuando los gastos necesarios en incentivos se calculan en miles de millones de dólares.

En su opinión, poner demasiado énfasis en los incentivos de disuasión (p.ej. vales para examen prioritario, derechos de propiedad intelectual transferibles o recompensas en una etapa tardía de la entrada el mercado) es inadecuado. So afirmó que se ha demostrado que los antibióticos con mecanismos novedosos para tratar una enfermedad (first-in-class) garantizan un rendimiento de la inversión importante y mencionó los casos del linezolid y la daptomicina indicando que son buenos ejemplos de dos antibióticos novedosos, ambos entre los primeros 50 medicamentos más vendidos en los Estados Unidos, que entraron en el mercado antes de la puesta en marcha de nuevos incentivos como la ley GAIN Act para la generación de antibióticos que amplió el período de protección del monopolio.

So hizo hincapié en la necesidad de orientar adecuadamente los incentivos y en que recompensar la entrada de los medicamentos en el mercado con miles de millones de dólares como proponen los responsables de la formulación de políticas y la industria, es hacer «mucho pero demasiado tarde», pues estas recompensas de entrada en el mercado orientarían los recursos públicos hacia la parte equivocada de la reserva de proyectos.

So opina que es necesario desvincular el rendimiento de la inversión tanto de los precios como de los volúmenes de ventas de los antibióticos y concluye, por lo tanto, que debe garantizarse un rendimiento justo para la inversión pública en I+D y que además de la innovación, es necesario garantizar el acceso a precios asequibles y la gestión ya que a su juicio, esta no puede ser un elemento secundario al final de la cadena de valor farmacéutica.

Con respecto a la salud animal, So habló de la importancia de eliminar gradualmente el uso de los antimicrobianos con fines no terapéuticos y de invertir en el desarrollo de prácticas agrícolas alternativas sostenibles que ayuden a los agricultores a alejarse del uso intensivo de antibióticos en la producción alimentaria. So destacó asimismo la necesidad de cambiar las prácticas minoristas y de adquisiciones institucionales y de que los consumidores dejen de recurrir sistemáticamente al uso de antibióticos. Por último, So hizo hincapié en la necesidad de crear un organismo de OSC que supervise el desarrollo y la aplicación de los planes de acción nacionales de los Gobiernos así como de las organizaciones intergubernamentales y de otros actores principales, para exigirles una mayor rendición de cuentas.

Michelle Childs, directora de políticas y abogacía de la DNDi en América Latina, hizo énfasis en la necesidad de aplicar los principios de I+D acordados internacionalmente y de adherirse a estos principios, entre los que se encuentran la desvinculación del precio y el volumen de ventas de los antibióticos del costo de la I+D, para que rijan la innovación y el acceso en relación con la resistencia a los antimicrobianos.

Childs habló del papel de los principios rectores sobre I+D y destacó que toda iniciativa debe centrarse en las prioridades de salud pública y principalmente, en las necesidades mundiales. Subrayó también la necesidad de garantizar la aplicación de las normas y principios fundamentales acordados internacionalmente para hacer posibles la innovación y el acceso sostenible como la asequibilidad, la efectividad, la eficiencia y la equidad y destacó la importancia de desvincular las inversiones en I+D de la rentabilidad sobre el volumen de ventas y de los precios.

Childs se refirió igualmente a la importancia de garantizar una financiación sostenible a escala nacional, regional y mundial y de seguir explorando nuevos incentivos para la innovación como mecanismos de fomento y disuasión de acuerdo con prioridades convenidas; con el principio de desvinculación y con las condiciones para garantizar un acceso sostenible. Child mencionó otros elementos importantes como la necesidad de definir las necesidades y desigualdades en relación con la I+D y de contar con un mecanismo claro para fijar las prioridades, la coordinación, la financiación sostenible y los principios fundamentales de asequibilidad, efectividad, eficiencia y equidad.

La directora de políticas y abogacía de la DNDi hizo referencia además a la Alianza Mundial para la Investigación y el Desarrollo de Antibióticos (GARDP), una iniciativa conjunta sin ánimo de lucro de la OMS y la DNDi que fomenta el desarrollo de nuevos tratamientos para las infecciones bacterianas.

Els Torreele, directora ejecutiva de la Campaña de Acceso (CAME) de MSF relató cómo MSF, una de las principales organizaciones no gubernamentales (ONG) de atención médica y humanitaria, es testigo del empeoramiento del problema de la resistencia a los antimicrobianos. Torrele explica que ha visto la resistencia a los antimicrobianos en pacientes con traumatismos en Jordania, en recién nacidos en el Pakistán, en niños que sufren de malnutrición en Malí y en víctimas de quemaduras en el Iraq. También ha visto personas que han adquirido infecciones que solo pueden tratarse con antibióticos de último recurso cuando los de primera, segunda e incluso tercera línea son ineficaces.

Torreele destacó la importancia de adoptar con urgencia medidas de respuesta mundiales integrales y con fines de salud pública a este problema creciente y de garantizar que cualquiera de estas medidas esté centrada en las necesidades de los pacientes y de los proveedores de atención de salud. También se refirió a los problemas generados por la resistencia a los medicamentos en pacientes afectados por la tuberculosis, el paludismo, el VIH o el SIDA o por otras enfermedades infecciosas. Explicó que en 2015, MSF trató a más de 20 000 pacientes con tuberculosos, 2 000 de ellos con tuberculosis multirresistente (TB multirresistente)  y que esto podría ser solo la punta del iceberg ya que habría unas 250 000 personas con tuberculosis farmacorresistente (TB farmacorresistente) en el mundo y la mayoría de estas personas infectadas no reciben diagnóstico ni tratamiento.

Torreele indicó que una de las principales dificultades para los equipos médicos es la falta de diagnósticos adecuados y que por consiguiente, es necesario dotar a los médicos y a las enfermeras con instrumentos adecuados de diagnóstico y tratamiento para ayudarles a descubrir el tipo de infección que tiene el paciente y saber si los medicamentos convencionales siguen siendo eficaces.

La directora ejecutiva de la CAME mencionó otras cuestiones importantes sobre las medidas de respuesta a la resistencia a los antimicrobianos como el fortalecimiento de los sistemas de salud, la mejora de las prácticas médicas y la necesidad de aumentar el acceso a vacunas como la vacuna antineumocócica conjugada o a las vacunas contra rotavirus. Señaló que aumentar la cobertura de estas vacunas reduciría considerablemente el uso de antibióticos, pero que el elevado precio de estas vacunas es hoy en día un gran obstáculo, en especial en los países de ingresos medianos.

Torreelle puso de relieve que el mandato de MSF consiste en salvar vidas y tratar infecciones, por lo que esta organización se toma muy en serio la necesidad de tener acceso a precios asequibles a los instrumentos de diagnóstico y tratamiento existentes y futuros. Afirmó que la innovación médica es relevante solo si los productos resultantes están disponibles y son accesibles para quienes los necesitan y puso la tuberculosis como ejemplo de una enfermedad para la cual hay nuevos medicamentos disponibles, pero menos del 5 % de los pacientes que podrían beneficiarse de estos nuevos medicamentos tienen acceso a ellos actualmente.

Torreelle señaló que los problemas de salud pública causados por la resistencia a los antimicrobianos no son excepcionales, pero están relacionados los problemas de salud pública causados por una sociedad que depende de los precios altos y de los monopolios para pagar el costo de la innovación, lo que trae consigo tanto la falta de acceso a las tecnologías de salud existentes como la falta de innovación centrada en los pacientes. Mencionó asimismo la importancia de las recomendaciones y las conclusiones del informe reciente del Grupo de Alto Nivel del Secretario General de las Naciones Unidas sobre el Acceso a los Medicamentos y la necesidad de seguirlas.

Garance Upham, secretaria ejecutiva adjunta de Medicus Mundi International Network y vicepresidenta de la World Alliance Against Antibiotic Resistance (WAAAR), destacó que las infecciones resistentes a los antimicrobianos se propagan de la misma forma que las epidemias  y esto ocurre en parte debido a la falta de sistemas de prevención y control de las infecciones. Upham indicó que más de 20 países en Europa carecen de sistemas eficaces de prevención y control de las infecciones, por lo que no es una cuestión que afecte únicamente a los países de ingresos bajos o medianos.

Afirmó que estos sistemas aportarían beneficios al sector animal ya que ayudarían a evitar que los animales enfermos infecten a otros animales. Se refirió también a las prácticas de higiene en las granjas como un método eficaz para prevenir las enfermedades en los animales y preferible al uso metaprofiláctico de antibióticos. Indicó igualmente que los residuos antibióticos sin tratar o tratados de manera inadecuada de la industria farmacéutica, de la industria de frutas y hortalizas y de los hospitales y centros de salud son desechados en el medioambiente y exacerban la resistencia. Upham hizo hincapié en la necesidad de invertir en agua potable, en sistemas sanitarios y en el tratamiento adecuado de los residuos como medidas preventivas para reducir la necesidad de recurrir a los antibióticos.

También participaron en la reunión paralela dos oradores: Lav Agarwal, del Ministerio de Salud y Bienestar de la Familia de la India y Nihima Sumpradic, del Ministerio de Salud Pública de Tailandia, quienes presentaron sendos informes sobre los esfuerzos de sus países por hacer frente al problema de la resistencia a los antimicrobianos y a las dificultades persistentes, en particular en lo que a la aplicación de sus planes nacionales se refiere.  Ambos pidieron una mayor asistencia de la OMS para los países en desarrollo.

Marc Sprenger, director de la Secretaría para la lucha contra la resistencia a los antimicrobianos de la OMS, señaló que se invitará a la sociedad civil para mantener un diálogo interactivo con los miembros del Grupo de coordinación interinstitucional sobre la resistencia a los antimicrobianos creado en marzo de 2017.

En el espacio de diálogo abierto de la reunión, formularon observaciones otras OSC como TB Union, TB Alliance, HAI, Oxfam, Health Care Without Harm, Save the Children y Knowledge Ecology International (KEI).

Artículo editado por Viviana Muñoz y Martin Khor.

 

No usar antibióticos para estimular el crecimiento de los animales recomiendan las nuevas directrices de la OMS

A la advertencia de los dirigentes sanitarios de todo el mundo de que la resistencia a los antimicrobianos podría conducir al fin de la medicina moderna se suma la publicación de las directrices de  la Organización Mundial de la Salud (OMS) para prohibir o limitar el uso de antimicrobianos en la alimentación de animales destinados a la producción de alimentos. Urge la adopción de medidas coordinadas para evitar el final de la medicina moderna. 


Aunque un antibiótico eficaz mata la mayoría de los gérmenes contra los que se ha usado, algunos de estos gérmenes pueden sobrevivir y desarrollar resistencia y esta puede propagarse a otras bacterias capaces de causar la misma u otras infecciones.  El abuso y el uso indebido de antibióticos puede aumentar la tasa de resistencia y su propagación y hacer que los antibióticos sean cada vez más ineficaces para tratar las infecciones bacterianas.

Hace poco se llegó a un punto de inflexión importante con el descubrimiento de que algunas bacterias se habían vuelto resistentes a la colistina, antibiótico administrado a un paciente como tratamiento de último recurso cuando ningún otro antibiótico ha sido eficaz.

En 2016, investigadores en China descubrieron bacterias Escherichia coli (E. coli) resistentes a la colistina en un 20 % de los animales, en un 15 % de la carne cruda y en un 1 % de los pacientes de hospitales sometidos a muestreo. El gen de resistencia a la colistina (MCR-1) puede pasar fácilmente de una bacteria a otra.

Si esta resistencia se sigue propagando, la colistina será cada vez menos eficaz y al final nos quedaremos sin el «antibiótico de último recurso».

El caso de la colistina deja otra lección.  Suele considerarse que la resistencia se debe al abuso de los antibióticos por parte de los consumidores o a la propagación de las infecciones causadas por bacterias resistentes a los pacientes ingresados en los hospitales.

Sin embargo, la resistencia también se propaga a través del sector agrícola y la cadena alimentaria, como se demuestra en el estudio sobre la colistina realizado en China.

En algunos países, la mayoría de los antibióticos (un 80 % en el caso de los Estados Unidos) se usa en las granjas en la alimentación de los animales para estimular su crecimiento y engordarlos más y más rápidamente, así como para prevenir o tratar las enfermedades.

Las bacterias resistentes proliferan en los animales y están presentes en la carne cruda.  Algunas de estas bacterias se transmiten a los humanos cuando consumen carne.

Otra fuente de propagación de la resistencia es el medioambiente.  Los residuos y desechos provenientes de granjas y hospitales contienen bacterias resistentes y contaminan los suelos, los sistemas de desagüe, los ríos y los mares.  Algunas de estas bacterias llegan a los humanos.

La Unión Europea (UE) prohibió el uso de antibióticos como estimuladores del crecimiento en los piensos en enero de 2006, mientras que los Estados Unidos comenzaron a adoptar medidas para eliminarlos gradualmente en diciembre de 2013.

En la mayoría de los países en desarrollo las medidas adoptadas hasta el momento han sido muy escasas. Ojalá que las cosas empiecen a cambiar.  En noviembre de 2017 la OMS publicó por primera vez en su historia unas directrices sobre el uso de los antibióticos en los animales destinados a la producción de alimentos.

Según Kazuaki Miyagishima, director del Departamento de Inocuidad de los Alimentos y Zoonosis de la OMS, «Las pruebas científicas demuestran que el uso excesivo de los antibióticos en los animales puede contribuir a la aparición de resistencia a estos fármacos».

La OMS indica en un comunicado de prensa que un estudio patrocinado por la OMS publicado en The Lancet Planetary Health en noviembre de 2017 concluye que las intervenciones que restringen el uso de antibióticos en animales destinados a la producción de alimentos reducen las bacterias resistentes a los antibióticos en estos animales en hasta un 39%.

En el estudio (escrito por William Ghali y otros diez científicos), se examinaron miles de casos de los cuales se escogieron 179 casos pertinentes y se llegó a la conclusión de que existe una relación entre las intervenciones que restringen el uso de antibióticos y la reducción en la prevalencia de bacterias resistentes a los antibióticos en animales y humanos.

Estas son las principales conclusiones del estudio:

  • En general, la reducción en el uso de los antibióticos disminuyó la prevalencia de bacterias resistentes a los antibióticos en los animales alrededor de un 15 % y de las bacterias multirresistentes entre un 24 % y un 32 %.
  • Las pruebas de los efectos en los seres humanos fueron más limitadas, pero mostraron resultados similares: con intervenciones que restringen el uso de antibióticos en los animales la reducción absoluta en la prevalencia de bacteria resistente a los antibióticos fue de un 24 %.

Este estudio influyó en el desarrollo de las nuevas directrices de la OMS, cuyo objetivo es orientar a los responsables de la formulación de política en los sectores de la agricultura y la salud.  Según el comunicado publicado por la OMS, estas son algunas de las directrices:

  • Una reducción general del uso de todas las clases de antibióticos de importancia médica en los animales destinados a la producción de alimentos.
  • La restricción completa de estos fármacos para estimular el crecimiento y prevenir enfermedades sin diagnóstico previo.
  • Solo se debería administrar antibióticos a animales sanos para prevenir una enfermedad si esta ha sido diagnosticada en otros animales de la misma cabaña o población de peces.
  • Los antibióticos utilizados en animales deberían elegirse de entre aquellos que, según la OMS, son «de menor importancia» para la salud humana, y no de entre aquellos clasificados como «de importancia crítica y de máxima prioridad».

En 2015 los ministros de salud presentes en la Asamblea Mundial de la Salud aprobaron un Plan de acción mundial sobre la resistencia a los antimicrobianos y acordaron que cada país debía elaborar sus planes de acción nacionales para 2017.

Debido a que hay muchas fuentes de resistencia a los antimicrobianos los esfuerzos que se hagan en el plano nacional deben incluir no solo a las autoridades sanitarias, sino también a los responsables de la agricultura y el medioambiente.

Las autoridades agrícolas deberían eliminar gradualmente el uso indebido de los antibióticos en los animales, en particular, para la estimulación de su crecimiento, mientras que las autoridades ambientales deberían evitar que los genes y bacterias resistentes contaminen los suelos, sistemas de desagüe, los ríos y los mares.

 

 

Por Martin Khor

 

El Centro del Sur y la TWN organizan una importante reunión en Asia sobre la resistencia a los antimicrobianos

La resistencia a los antimicrobianos (RAM) afecta gravemente a muchos países asiáticos y, aunque en los últimos años ha habido avances en el reconocimiento de este problema, para muchos países, la batalla solo está en su fase inicial. Debe hacerse mucho más al respecto y es necesario superar numerosos problemas de implementación de los planes nacionales para lograr un progreso real sobre el terreno.

Esta es la percepción de la situación que se expuso en un seminario regional en Asia Sudoriental sobre la RAM al que asistieron 60 participantes, incluidos los encargados de formular políticas de 10 países, así como representantes de la sociedad civil, científicos y puntos focales regionales de la RAM de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y de la Organización para la Alimentación y la Agricultura (FAO).

El taller, celebrado en Penang (Malasia) del 26 al 28 de marzo de 2018, fue organizado conjuntamente por el Centro del Sur y la Third World Network (TWN), con el apoyo del Fondo Fleming. Los encargados de formular políticas procedían de Camboya, China, Filipinas, la India, Indonesia, Malasia, Myanmar, la República Democrática Popular Lao, Tailandia y Viet Nam.  También asistieron organizaciones no gubernamentales (ONG) de la mayoría de estos países, así como de Australia.

Fue una reunión destacable por varias razones. En primer lugar, participaron expertos políticos y técnicos de alto nivel, la mayoría de los cuales eran puntos focales o coordinadores de sus comités nacionales de RAM. En segundo lugar, los funcionarios gubernamentales eran expertos en RAM, tanto del sector de la salud humana como del sector de la salud animal, algo bastante inusual, ya que normalmente las reuniones internacionales relativas a la RAM involucran a funcionarios de solo un sector. El taller, por lo tanto, mantuvo el espíritu de la noción de «una sola salud».

En tercer lugar, también estuvieron representados los grupos de la sociedad civil implicados en cuestiones sobre la RAM o en cuestiones generales de salud, lo que permitió el diálogo entre el sector gubernamental y no gubernamental. Se reconoció que las acciones de ambos son cruciales para concienciar al público y movilizar el apoyo público a favor de las acciones relativas a la RAM. En cuarto lugar, el taller proporcionó la información más actualizada sobre la evolución mundial y regional (facilitada por expertos, incluidos los de la OMS, la FAO y el Centro del Sur), así como el estado de las políticas y las medidas a nivel nacional.

El taller comenzó con el discurso del doctor Chong Chee Keong, director de control de enfermedades del Ministerio de Salud de Malasia, quien hizo hincapié en la importancia de que los países asiáticos se unan a la lucha mundial contra la RAM. También señaló que Malasia afronta el desafío seriamente, como lo demuestra el reciente lanzamiento del plan de acción nacional de los ministros de Salud y Agricultura.

Martin Khor, director ejecutivo del Centro del Sur, presentó un análisis exhaustivo acerca de por qué los países en desarrollo se ven más afectados por la crisis de la RAM y afirmó que deben contribuir al esfuerzo mundial para abordarla. Sin embargo, deberían reconocerse sus intereses y dificultades al hacerlo para que puedan implementar de forma eficaz sus planes nacionales.

Los países precisan cooperación internacional en materia de financiación y equipos técnicos para establecer las instituciones y mecanismos de coordinación necesarios para tomar las medidas pertinentes, incluidos la vigilancia, el diagnóstico, el control de infecciones, la reglamentación de prescripciones y la distribución y comercialización de antimicrobianos para racionalizar los medicamentos, así como acciones para eliminar el uso de antimicrobianos como promotores del crecimiento en animales y en la acuicultura y para proteger al medio ambiente de los antibióticos. Martin Khor declaró que el acceso asequible a antibióticos existentes y antibióticos nuevos y el fomento de los modelos de innovación basados en la desvinculación, destacados en la Declaración Política de la reunión de alto nivel de la Asamblea General sobre la resistencia a los antimicrobianos, también deberían ser parte de la cooperación internacional.

En una sesión sobre la situación de la RAM en Asia, los coordinadores regionales de RAM para la OMS (Socorro Escalante, de la Oficina regional de la OMS para el Pacífico occidental, y Tjandra Yoga Aditama, de la Oficina regional de la OMS para Asia Sudoriental) y la coordinadora de RAM para la FAO (Katinka de Balogh) presentaron información sobre el estado del problema de la RAM en los sectores de salud humana y animal, y el papel que desempeñan sus organizaciones. Beverley Snell (de Health Action International (HAI), Asia y el Pacífico) expuso los planes de acción nacionales contra la RAM presentados por los países asiáticos y el estado de su implementación.

En la sesión sobre la acción y los procesos internacionales, Viviana Muñoz, del Centro del Sur, explicó cómo se creó el Grupo de Coordinación Interinstitucional establecido por la Asamblea General de las Naciones Unidas y actualizó la información sobre el progreso de su trabajo. Socorro Escalante presentó el Sistema Mundial de Vigilancia de la Resistencia a los Antimicrobianos de la OMS (GLASS) y su informe de implementación más reciente. Adam Tregidga explicó el papel del Fondo Fleming, una iniciativa del Departamento de Salud del Reino Unido para apoyar las actividades relativas a la RAM en los países en desarrollo.

Uno de los puntos más destacados del taller fue una sesión sobre la necesidad de abordar la RAM con base en la noción de «una sola salud» para. Peter Collignon, director de ACT Pathology en el Hospital de Canberra (Australia) habló de la situación de la RAM en los sectores de salud humana, animal, acuicultura y medio ambiente y su interconexión.

También realizó una presentación sobre las Directrices de la OMS sobre el uso de antimicrobianos de importancia médica en animales destinados a la producción de alimentos, publicadas en noviembre de 2017. Peter Collignon fue el presidente del Grupo para la Elaboración de Directrices que concibió las directrices tras un proceso riguroso. Hubo un gran interés en las directrices, como se desprende de las muchas preguntas y comentarios que se formularon a Peter Collignon en esta sesión y en los grupos de trabajo.

En la sesión sobre acciones a nivel nacional, el orador principal, Christopher Lee (director nacional del Servicio de Enfermedades Infecciosas del Ministerio de Salud de Malasia), dio una explicación elocuente y franca sobre el proceso que un país debe iniciar para establecer un organismo coordinador que involucre a todos los ministerios relevantes (especialmente los de salud y agricultura) para implementar medidas sobre la RAM.

Viviana Muñoz (del Centro del Sur) explicó la importancia del acceso asequible a los antibióticos y de un sistema apropiado para fomentar la innovación que produzca nuevos antibióticos. Lim Kah Poh (de la sociedad farmacéutica malasia) habló sobre las prácticas de comercialización utilizadas en la promoción de antibióticos y de la necesidad de reglamentación, mientras que Beverley Snell (de HAI, Asia y el Pacífico) presentó los obstáculos que deben superarse si se quiere lograr un uso racional de los antibióticos.

Se celebraron dos sesiones sobre políticas y experiencias nacionales relativas a la RAM en el sector de la salud humana, en las que hubo presentaciones de Harry Parathon (presidente del Comité de RAM de Indonesia), Suraya Amir Husin (del Ministerio de Salud de Malasia), Htay Htay Tin (secretario general del Comité Nacional de AMR de Myanmar), Li Dachuan (de la Comisión Nacional de Salud de China), Nov Vandarith (del Ministerio de Salud de Camboya), Somphone Soulaphy (del Ministerio de Salud de la República Democrática Popular Lao), Nithima Sumpradit (coordinadora de RAM del Ministerio de Salud de Tailandia), Sunil Gupta (del Ministerio de Salud de la India), Cao Hung Thai (del Ministerio de Salud de Viet Nam), Nina Isabelle Tolentino (del Departamento de Salud de Filipinas).

A estas les siguieron dos sesiones sobre políticas nacionales de RAM en el sector animal y alimentario. Entre los oradores se encontraban Riana Arief (directora del Centro de Estudios Analíticos Veterinarios de Indonesia), Rozanah Asmah Abd Samad (del Departamento de Servicios Veterinarios de Malasia), Adela Contreras (de la Oficina de Industria Animal del Departamento de Agricultura de las Filipinas), Sasi Jaroenpoj (de la Sección de contención de RAM del Departamento de Desarrollo Ganadero de Tailandia), Le Thi Hue (del Departamento de Veterinaria de Viet Nam), Min Thein Maw (del Departamento de Veterinaria de Myanmar), Sun Jing (del Colegio Médico de la Unión de Pekín, China), y Chea Rortana (del Instituto Nacional de Investigación sobre Salud Animal y Producción de Camboya).

A continuación, se debatió sobre las experiencias de la sociedad civil en cuanto a la RAM, con ponentes de grupos nacionales de la India, Indonesia, Malasia y Tailandia, así como grupos internacionales o regionales de la TWN, la Antibiotic Resistance Coalition, ReAct-Asia y HAI, Asia y el Pacífico.

Se organizaron cuatro grupos de trabajo en los que los participantes debatieron acerca del estado de los planes relativos a la RAM y la coordinación en sus países, las dificultades de implementar actividades y medidas de control y qué apoyo se requiere para propiciar un progreso más rápido.

A partir de los informes de los grupos de trabajo y de las presentaciones anteriores de los países, se pueden extraer los siguientes puntos principales:

  • Ha habido un considerable progreso en la lucha contra la RAM, pues algunos países ya han empezado a formular sus planes de acción nacionales y cuentan con un comité nacional de RAM. Sin embargo, mientras que algunos países han incorporado los sectores de salud y agricultura / animal a sus comités de RAM, otros solo cuentan con el Ministerio de salud.
  • Mientras que los ministerios de salud han emprendido una serie de acciones, tales como la vigilancia y el control de infecciones, el sector agrícola / ganadero en muchos países todavía tiene que ponerse al día respecto a estas acciones.
  • Un signo alentador es que en Indonesia está prohibido desde enero de 2018 el uso de antibióticos como promotores del crecimiento en el ganado. Viet Nam impuso una prohibición similar hace algunos años y en Tailandia desde 2006 está prohibido el uso de antibióticos como promotores del crecimiento en pollos.
  • En la mayoría de los países, se ha trabajado poco en el componente ambiental de la propagación de la RAM, aunque es un ámbito que requiere mucho más trabajo.
  • Si bien se han formulado planes y directrices en varias áreas, la implementación en la mayoría de los países sigue siendo inadecuada. Esto se debe a diversos factores, según el país en cuestión. Los factores incluyen la faltas de prioridad y de interés o voluntad política; la falta de recursos financieros y humanos; la escasez de equipos necesarios para el trabajo de diagnóstico; la falta de liderazgo y de un programa de gestión sistemático a nivel nacional o local.
  • Todavía hay una comprensión inadecuada del problema de la RAM en el sector animal en muchos países. Las Directrices de la OMS sobre el uso de antibióticos en animales son una referencia útil e importante, ya que adoptan la perspectiva de la salud humana. Estas deberían complementarse con directrices que han publicado conjuntamente la OMS, la FAO y la OIE, con el fin de involucrar a todas las organizaciones internacionales pertinentes.
  • Para acelerar la implementación y el progreso, debería establecerse al menos un fondo con recursos suficientes para ayudar a los países en desarrollo a coordinar sus acciones relativas a la RAM y a desarrollar su capacidad técnica y organizativa.

Los comentarios que los participantes realizaron en una sesión final (y a través de los formularios de evaluación) evidenciaron que los asistentes habían encontrado el taller muy útil para intercambiar experiencias y prácticas óptimas y reunir participantes de diferentes países y sectores (el humano, el animal y el alimentario; gubernamental y no gubernamental). Muchos de los participantes también señalaron la importancia de centrar la atención en el sector animal, siguiendo el ejemplo de Viet Nam e Indonesia de prohibir el uso de antibióticos como promotores del crecimiento en animales. Los participantes también querrían que se organizaran debates sobre la RAM y el medioambiente.

Entre algunas de las acciones complementarias que los participantes desearían que se llevaran a cabo por parte del Centro del Sur y de la TWN, están la organización de talleres de forma regular / anual para evaluar el progreso de los países; la creación de círculos de profesionales o una coalición asiática sobre la RAM; y la elaboración de un plan de acción asiático.

Se crearon materiales educativos para el taller. Entre ellos se incluyen seis dosieres (compilación de artículos útiles) sobre cuestiones generales de la RAM, sobre procesos y directrices internacionales para controlar la RAM, sobre la resistencia a los antibióticos y el papel de la agricultura y los animales productores de alimentos, sobre la resistencia a la colistina y el gen mcr-1, y se distribuyeron las obras When Medicines Don’t Work Anymore, de Martin Khor, y Revenge of the Killer Germs, una reimpresión de un libro de la asociación de consumidores de Penang, publicado por primera vez en 1996.

En la sesión de clausura, el director ejecutivo del Centro del Sur, Martin Khor, declaró que los organizadores tienen la intención de publicar un libro con las presentaciones del taller. Se elaborará un informe sobre los procedimientos del taller, así como versiones actualizadas de los dosieres. Martin Khor también anunció que en 2019 se organizará un taller en Asia sobre la RAM, centrado en los países del sur de Asia.

 

 


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